En todas las historias, en todas las leyendas, en todos los cuentos siempre encontramos al hombre vestido, se nos habla de sus adornos, de sus peinados y de sus trajes; nadie puede imaginar a un hombre viviendo absolutamente desnudo de ropas, de pinturas, de colgantes, de símbolos, de amuletos.
Repasando someramente la historia del vestido, o la historia del traje, en cualquiera de los autores, en cualquier idioma, en cualquier escuela, el lector irá encontrando, una tras otra, las razones por las que el hombre se ha vestido, las más profundas e íntimas al igual que las más superficiales, porque a lo largo de nuestra civilización, en cada etapa de la Historia hemos venido aplicando unas y otras. Esa misma Historia nos demuestra que incluso la incomodidad, llegando hasta la agresión al propio cuerpo, ha acompañado el uso de la vestimenta; en el caso de la mujer, su represión física y social se dio aplicada en ciertas formas de vestir: canastos, miriñaques, ballenas, corsés, y en peinados y adornos harto complicados. Vestirse se ha convertido en algo innato para el ser humano, en algo imprescindible. Hasta en la sociedad nudista más radical o primitiva, los humanos que la forman se adornarán, se peinarán y cuidarán su aspecto, porque ello está asimilado tan profundamente en su personalidad que se sentirían extraños si no lo hicieran.
Vestirse, como andar, diferencia al homo sapiens del resto de los animales; el hombre no sólo liberó sus brazos cuando se irguió, también visualizó su cuerpo de una forma más completa, lo estudió e incidió sobre él; posiblemente de una manera sutil, al principio, y luego, según la civilización y la cultura se hacían más complejas, sofisticó su ornamentación. El vestido es quizás la primera expresión de diferenciación entre los de nuestra especie; tan pronto como nos habituamos a la indumentaria ésta tiende a especializarse, tendencia que no ha cesado todavía desde que aparecimos como pobladores de este planeta.
La cultura de la adaptación y la cultura de grupo
Todas las formas constituyentes del medio humano han sido diseñadas por los hombres. La creación de las formas ha sido una imposición de la condición de la especie. Así definimos cultura como "forma de adaptación extracorporal de un animal, el primate humano, a un medio hostil". El hombre crea su entorno material gracias a la capacidad creativa de su mente y a su habilidad manual. El entorno artificial en que se expresan los conocimientos adquiridos de una colectividad configuran su propia cultura.
La cultura es la superficie en la que se hace manifiesta la endotransformación que se opera en los niveles psicológico y sociológico. Objetivamente, el hombre es lo que hace (André Malraux). Y Clyde Klukhonn define cultura como la manera de vivir de un pueblo, ... el legado que el individuo recibe de su grupo, referido no sólo al aspecto interior del ser sino a lo exterior, material y tangible.
Llamamos medio humano a aquello que el hombre ha transformado de la materia para hacer la vida más segura y confortable; y es gracias al cual distinguimos unas sociedades de otras. La historia, entonces, sería la sucesión de medios humanos; si cada uno de ellos mejora al anterior estará determinándose el progreso, que, a su vez, encierra en sí mismo el mecanismo de estimulación: Lo mejor que encierra lo nuevo es aquello que responde a un antiguo deseo (Valery). Crear es aportar una nueva alternativa a lo existente. Para el creador es de una gran importancia la influencia de una pertinente información relativa a las necesidades y deseos latentes en su sociedad y sobre los medios de producción, avances y materiales. Los que asumen la responsabilidad de concebir el equipamiento objetual de una colectividad deberán estar inmersos en la realidad social, para crear aquello que sea necesario sin forzar un cambio violento para la identidad colectiva.


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