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sábado, septiembre 20

Razones para Vestirse

En su obra Sicología del vestir, J.C. Flügel habla de las motivaciones profundas que, en su opinión, se han esgrimido casi consensuadamente como razones para vestirse. Gran parte de estas razones pueden contemplarse bastante alejadas de las motivaciones que el ser humano de nuestra sociedad tiene a la hora de elegir su indumentaria; pertenecen más a la historia del traje que a los fundamentos de la moda actual.
  1. Protección Siempre se ha dicho que el ser humano se viste para protegerse de todos los atentados posibles a su integridad física; pero basta con un golpe de vista a cualquier pueblo o cultura para cerciorarse de que esta sola razón no basta. El hombre nace desnudo y está más expuesto al clima que muchas otras especies, pues carece de cuero, pelo y tiene la piel fina; sin embargo, frente a las altas temperaturas los nativos de los climas tropicales tienen las pieles negras y morenas, que son menos sensibles que las blancas a las inclemencias del tiempo. El ser humano posee una gran capacidad de adaptación a las temperaturas extremas. Ciertamente el vestido crea un microclima alrededor del cuerpo y posibilita su supervivencia hasta debajo del agua; pero, por contra, su uso también puede ser un obstáculo, una incomodidad, como las armaduras medievales o los pesados ropajes de lana entre los exploradores del siglo XVIII en Africa, y puede inhibir al cuerpo su recurso de autoprotección, su respuesta a agresiones ambientales. La adaptación al medio no se produce en el hombre como en el resto de los animales, adaptando sus órganos (El origen de las especies, Darwin), sino creando objetos, prótesis, que le permitan no perecer (Andrè Ricard, Diseño, ?por qué?).
  2. Pudor El pudor como motivo en el inicio de la vestimenta no es más que una invención victoriana y pacata, destinada a contentar la ideología de la época. La sociedad, de acuerdo a cada ideología imperante, construye representaciones del cuerpo parcelándolo en zonas nobles, como el rostro, los ojos, las manos, mientras que otras son consideradas innobles: aquellas que tienen que ver con la digestión y con las emociones sexuales. Así, el vestido sirve para ocultar el cuerpo. No es de menor importancia el efecto ideológico y moral de la interpretación cristianorromana de la Biblia en lo que se refiere a los pasajes del principio de la vida humana y las consecuencias de pudor por el pecado original. Lo cierto es que, una vez adquirida la costumbre de la vestimenta, bien de forma real o simbólicamente, ésta ha sido utilizada para cubrir las partes pudorosas del cuerpo tanto como para potenciar las más atractivas y sugerentes de ambos sexos. Como ejemplos tenemos innumerables, desde el kalasiris egipcio, que se ceñía bajo el pecho femenino dejándolo al descubierto, o los jubones masculinos con bragueta, del siglo XV, hasta los jeans de los años 70, ceñidos a la anatomía en los jóvenes.
  3. Adorno: Es sin duda, una motivación mucho más convincente que el pudor para la invención del traje. Los pueblos más antiguos ya se decoraban con pinturas, tatuajes, joyas, adornos en definitiva; incluso con ciertas mutilaciones en el propio cuerpo: grandes collares de las mujeres masai para alargar el cuello, los tabiques nasales perforados, los lóbulos de las orejas con pendientes (de pequeño tamaño entre unos pueblos y de hasta diez centímetros en otros), los pies vendados de las mujeres chinas.
  4. Jerarquización social: Es con el desarrollo cultural como muchos usos sociales de la indumentaria se han institucionalizado. La historia de la cultura tiene que ver con la asunción de roles por parte de individuos que lideran movimientos. A estos líderes, cuando han sido socialmente aceptados a lo largo de generaciones, la sociedad les ha conferido atributos externos hasta el punto de configurar su indumentaria, exclusiva e institucionalizada; así el armiño es propio de los papas y los reyes.
  5. Diferenciación de los demás: Con la expresa finalidad de diferenciarse de los demás, las clases sociales más poderosas promulgaron las llamadas Leyes suntuarias, una serie de medidas y disposiciones tendentes, más que a combatir el lujo en sí, a reglamentarlo y restringirlo, en el sentido de que no puedan los individuos de las clases sociales bajas vestir mejor que los de las clases altas . Este hecho lo encontramos ya en civilizaciones antiguas, cuando en ellas una élite se apropia del privilegio de vestir mejor que sus semejantes y pone todos los medios a su alcance para mantener esta situación. Las cruzadas, por ejemplo, traen el gusto por el "lujo asiático" y las ricas telas orientales y un perfeccionamiento de la incipiente industria textil en occidente. Será en la burguesía de las ciudades medievales donde la nobleza encontrará su tropiezo a estos privilegios.
  6. Integración en un grupo: En cuanto a los grupos sociales (nacionalidades, pueblos, clases, profesiones, etc), es la vestimenta algo que objetiva su diferenciación de los demás. Y también a la inversa, el individuo utiliza la indumentaria para evidenciar su personal integración en el grupo al que ingresa o al que pertenece.
  7. Uso lúdico de la ropa: La forma "más culta" de utilización de la ropa como adorno tal vez sea el uso lúdico que de ella se hace (los disfraces, el teatro, la danza, la ropa de ceremonias) y pretender reflejar en ella nuestros propios y personales estados de ánimo.

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